martes, diciembre 13, 2005

Bodas gays

Dos historias de bodas homosexuales en Valladolid, donde rige un alcalde homófobo, chulo y bocazas (entre otras virtudes). Ninguna, por supuesto, la hemos leído en los periódicos locales, más interesados en la agricultura. La primera tiene lugar hace algo más de un mes con dos contrayentes varones en un juzgado de la capital. La pareja se mostraba inquieta por la posible aparición de periodistas, pero la alarma resultó infundada. Aquí los redactores-jefe andan más preocupados de no perderse las ruedas de prensa perfectamente programadas que de buscar historias de interés humano. Pero volvamos a la boda. Uno de los novios llevaba como testigo a una amiga. Tras la ceremonia apareció por la sala el fotógrafo del juzgado, cámara en ristre, para inmortalizar el enlace. El retratista exclamó: "¡Que se coloquen junto los novios!". Los dos chicos accedieron. Cuando se encontraban codo con codo, el fotógrafo asió del brazo a la testigo femenina y le espetó: "Venga, mujer, ponte con tu marido". Le explicaron la situación, en medio de una creciente zozobra. El juez, con una media sonrisa, le aconsejó: "Vaya acostumbrándose".

La segunda historia se produjo unos diez días atrás. Una pareja de hombres recién casados, de mediana edad, se fotografiaba junto a familiares y amigos en la Plaza Mayor vallisoletana. La felicidad del momento quedó empañada cuando un par de matrimonios, que frisaban los sesenta, apareció por el lugar. Los varones heterosexuales (o de eso se jactaban) se dedicaron a increpar a la pareja: "¡Degenerados! ¡Depravados! ¡Sois una vergüenza! ¡Viva la familia". Sólo les faltó gritar "¡viva Federico!" o "¡viva la Cope!", aunque igual lo hicieron. El resto de la muchedumbre asistió con una mezcla de cobarde silencio y vergüenza ajena. Nadie se acercó para abofetear a los gritones. Una pregunta me asalta: ¿a quién votarán esas bestias vociferantes, intolerantes, que quieren imponer a los demás sus ideas, sus costumbres, sus miserias?